Cuarentena IV
Hay hormigas en mi jardín.
Son mis hormigas
mis mascotas domésticas de estos días.
Muchos tienen perros gatos, algunos leones, pavos.
Yo, colecciono hormigas.
De día son negras, llevan inocentes pedazos de hojas y cascaritas de limón.
De noche son rojas y atacan insulsas lombrices, las emboscan en una baldosa, se llaman unas a otras. Imposible huir, dice el caracol. Estamos de acuerdo.
Pienso que si pudiesen, me llevarían a mi.
Al principio no sabía que eran mis mascotas y quise matarlas.
Tirarles granadas a su hongo vital. Eliminar la fuente. Me preparé y con astucia compré una bolsa del peor arroz partido. Comprobaría su alegría inicial por la bendición del alimento, quizás podría hasta adivinar un esbozo de sonrisa en sus caritas.
El desenlace ocurriría esa misma noche o la siguiente. Con suerte escucharía algún grito desde mi cama.
Pero no tuve valor.
Morir está tan de moda.
No quise ser el covid de las hormigas.
Me convencí investigando acerca de los beneficios que producen al medio ambiente:
leí sus huecos y túneles oxigenan la tierra
(Y yo que me asfixio tan fácil).
Luego pensé que podrían ser amigas de mi hijo tan solo de infancia en estos días.
Ellas parecen ser un gran ejemplo de amistad.
Ahora mismo andan con gran libertad por el patio. Eso sí, a la casa no entran.
Me gusta como viven, con tantas certezas: pretendo imitarlas, yo, que todo lo hago a veces.
Durante la cena anuncié a la familia que teníamos mascota nueva.
Brindamos por eso.
Son mis hormigas
mis mascotas domésticas de estos días.
Muchos tienen perros gatos, algunos leones, pavos.
Yo, colecciono hormigas.
De día son negras, llevan inocentes pedazos de hojas y cascaritas de limón.
De noche son rojas y atacan insulsas lombrices, las emboscan en una baldosa, se llaman unas a otras. Imposible huir, dice el caracol. Estamos de acuerdo.
Pienso que si pudiesen, me llevarían a mi.
Al principio no sabía que eran mis mascotas y quise matarlas.
Tirarles granadas a su hongo vital. Eliminar la fuente. Me preparé y con astucia compré una bolsa del peor arroz partido. Comprobaría su alegría inicial por la bendición del alimento, quizás podría hasta adivinar un esbozo de sonrisa en sus caritas.
El desenlace ocurriría esa misma noche o la siguiente. Con suerte escucharía algún grito desde mi cama.
Pero no tuve valor.
Morir está tan de moda.
No quise ser el covid de las hormigas.
Me convencí investigando acerca de los beneficios que producen al medio ambiente:
leí sus huecos y túneles oxigenan la tierra
(Y yo que me asfixio tan fácil).
Luego pensé que podrían ser amigas de mi hijo tan solo de infancia en estos días.
Ellas parecen ser un gran ejemplo de amistad.
Ahora mismo andan con gran libertad por el patio. Eso sí, a la casa no entran.
Me gusta como viven, con tantas certezas: pretendo imitarlas, yo, que todo lo hago a veces.
Durante la cena anuncié a la familia que teníamos mascota nueva.
Brindamos por eso.
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