Lo que no dije nunca
El día que dejé mi casa
tenía apenas algunas
cajas hechas,
valijas sin cerrar, plantas ni enteradas
de la mudanza.
Mi marido, que para entonces
empezaba a dejar de serlo
me había dado
el último empujón un mes antes:
-No vas a poder- me dijo.
Nunca nadie había sido tan franco conmigo.
No me estaba provocando,
de verdad creía eso
Yo, quién más, se lo había hecho creer.
Le había construído una mentira a la medida
de su falsa hombría.
Sentí pena por él y por mi al mismo tiempo
Y un llamado de lo salvaje que me dijo
el amor ha muerto,
chiquita mía.
el río suena
bajan piedras,
aquí ya no es seguro.
Mi padre me crió como uno más entre sus hijos varones
Me hizo jugar al fútbol
llevar maderas pesadas
hacer fuego en la noche
Me enseñó matemáticas torpemente
sin paciencia,
gritándome
tal cual lo había hecho con mis hermanos.
A los 11 años no era frágil, no era débil, sabía jugar deportes, abrir tapas duras, pelear con varones.
Me crió como a un hombre.
A los 11 me empezaron a crecer dos montañas en los pechos. Eran dos colinas suaves y rosas. Tetas, no quería tetas. Me compré a escondidas mi primer corpiño. Luego el pubis se me llenó de pelos, los labios de mi vagina engordaron y se volvieron una anatomía monstruosa desde la altura de mi mirada. Mi primera menstruación confirmó mis peores sospechas: la primera era que mi papá me había mentido. Y la segunda, que, ahora que era mujer, mi papá ya no me querría.
El día que dejé de ser la mujer de
mi marido estaba escondido entre los muebles
mientras un camión de mudanzas destartalado
con tres ayudantes,
hombres
se iba llenando de mis muebles, mis libros,
mis huellas digitales esparcidas entre las cosas.
Sigo tenido mis pechos, ahora más crecidos y firmes aún, mi pubis
tiene una cicatriz recta que recuerda el alumbramiento de mi hijo varón.
Ahora con mis tetas y mi entrepierna y con todo mi cuerpo de mujer
doy indicaciones acerca del cuidado de los muebles,
la fragilidad de los objetos
el lugar que cada cosa debe ocupar en ese tetris del camión de la mudanza.
Mientras espío que el niño no se vaya
cierro cajas aún abiertas,
me consuelo en silencio.
Mi marido, sale de su escondite, me mira, triste porque me voy, me llevo las cosas
y la casa se queda vacía de mí, ahora que puedo, ahora que ya no le pertenezco.
Pasaron 30 años desde que descubrí la mentira de mi padre.
Yo no soy uno más
No soy un hombre disfrazado de mujer
Yo soy una mujer.
Tengo la fuerza para permitir nacer y dejar morir.
Ya no necesito cargar maderas pesadas.
Soy alimento, leche tierna y blanca de los humanos.
Puedo replegarme sobre lo mío, sobre mi núcleo, porque es fuerte, porque ahora sé
que no camino nunca sola,
siempre los ojos imaginados de los que me quieren están allí.
Algún día de estos
me internaré sola
en lo salvaje
Hoy me interno sola en lo salvaje
Y ya no seré mujer,
ya no soy mujer
no al menos frente al frío y las bestias
no al menos frente al frío y las bestias
¿Acaso puede importarles?
En el filo de la noche, sola con mis muertos y mis jirones de vida
Honraré mi pasado
honro mi pasado,
y hacia allí me dirigiré
Hacia allí me dirijo.
Volveré a mi palabra
Vuelvo a mi palabra
la primera,
la primera
Diré lo que
ya dije
y no dije nunca.
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